Alerta a la violencia intragénero ¡Identifícala!

Cuando utilizamos el término “violencia intragénero” nos estamos refiriendo a la violencia que un miembro de una pareja LGBT ejerce sobre el otro miembro de la pareja.

Al igual que en las relaciones heterosexuales, el agresor o agresora busca el control y la sumisión de su pareja por medio de una posición dominante pudiendo recurrir para ello a la violencia física, psicológica, económica, sexual, ambiental… El objetivo fundamental, al igual que en la violencia de género, es el control y la dominación sobre el otro.

Suele existir como en todos los ciclos de violencia una escalada que va en aumento progresivo, desde gestos cariñosos y de amor hasta llegar de manera progresiva a una agresividad y control cada vez mayor que terminan aislando a la víctima. Este ciclo tiene tres fases:

Acumulación de tensión. En este momento se produce una sucesión de episodios que violncia intrageneroocasionan un constante incremento de la ansiedad y la hostilidad.

Eclosión aguda de violencia. Esta fase se caracteriza por la descarga de la violencia acumulada en la anterior etapa. Aquí el maltrato es totalmente desbordante.

Luna de miel o de arrepentimiento. Este período se caracteriza por una conducta de arrepentimiento y acercamiento del agresor a la víctima, pudiéndose comportar de manera cariñosa y disculparse,  mostrando culpabilidad por lo sucedido, aunque en ocasiones también existe una actitud de negación total.  Esta fase finaliza cuando se vuelve a la etapa de acumulación de tensión.

A diferencia de las relaciones heteroxesuales, la violencia intragéreno no sucede en torno al sexismo ni a la desigualdad de poder entre mujeres y hombre, sino que existen ciertas especificidades:

En muchas ocasiones, la vía para ejercer el control es el chantaje, que suele centrarse en hacer pública la condición homosexual del otro ya sea a familiares, amigos o en el entorno laboral (lo que se conoce como “outing” o “sacar del armario”), “si me dejas, les digo a todos que eres gay/lesbiana”. O incluso entre los hombres el contar que es seropostivo o padece VIH, algo muy íntimo y personal.

Violencia intrageneroOtro aspecto relevante que suele ocurrir es el ataque homófono o lesbófobo, amenazando constantemente a la otra persona con comentarios tipo “a los homosexuales nadie les quiere”; “No vas a tener apoyo en ningún sitio así que mejor que te quedes conmigo”. También a través de comentarios despectivos acerca de su aspecto físico. Este tipo de ataques homófobos ejercidos por una persona homosexual suelen ocurrir porque esa misma persona no acepta su propia condición homosexual ni sus sentimientos.

Como vemos, son las mismas formas de violencia que en la violencia de género, la constante denigración y la eliminación de la autoestima con lo que a nivel psicológico supone, además de incluir las especialidades ya mencionada. Sin olvidar a mayor escala la violencia física (golpes, palizas…)

Debido a la todavía cierta invisibilidad y estigmatización de las relaciones LGTB, la violencia intragénero es una realidad silenciada, no se conocen muchos casos fuera del colectivo y al mismo tiempo, no suelen existir muchas denuncian, aunque existen múltiples estudios que indican que la violencia en parejas LGTB ocurre en mayor porcentaje que en las parejas heterosexuales. Además, la víctima se expone a la posible homofobia de la persona que le pueda atender como policía, funcionario, juez…

Y para mayor invisibilidad, son pocos los casos que se difunden en los medios, quizás sólo en medios relacionados con el colectivo lo que supone un no reconocimiento de la víctima y una doble victimización, ser víctima de violencia y ser homosexual, existiendo vergüenza al contarlo y miedo al rechazo.

El hecho de que este tipo de violencia no sea reconocida ni respaldada legalmente como violencia en pareja tiene entre sus consecuencias que las víctimas no se identifiquen como tal y que por tanto exista una cierta normalización o no clara discriminación de este tipo de comportamientos. De ahí que se tiende a minimizar y a no tomarlo en serio.