La salida de clóset de Spacey y cómo no ayuda a la comunidad LGBT

Luego de que un actor, Anthony Rapp, denunciara que intentó abusar de él cuando tenía 14 años, Kevin Spacey contó públicamente que es gay. Lo hizo con un comunicado cruel y dañino: aseguró no recordar el hecho; en la oración siguiente afirmó estar borracho en ese momento (vaya memoria selectiva) y cerró contando que se ha enamorado de hombres y mujeres. “He amado y he tenido encuentros románticos con hombres a lo largo de mi vida, pero ahora he elegido vivir como un hombre gay”, escribió.

El daño a la comunidad que hace que la salida del clóset de Kevin Spacey sea por una denuncia de abuso a un menor es muy profundo. Los portales ya titulan sobre ambos hechos: la acusación de pedofilia y la noticia de que es gay. Todo junto, como si tuviese que ir de la mano.

Una estrella de la talla de Spacey hubiese tenido un impacto positivo y luminoso al revelar hace años y con otras formas que salía con hombres y mujeres. Si bien sólo él conoce sus motivos personales por los que calló, las consecuencias de su omisión son devastadoramente negativas y trágicas para toda una comunidad, que ve hoy en redes sociales como se consolidan estereotipos negativos vinculados a la criminalización de nuestras vidas.

No debemos jamás forzar a la gente a contar lo que no quiere y hay que defender el derecho a que cada uno mantenga su privacidad. De hecho, aún hoy hay más motivos para quedarse en el clóset que salir a la luz: ¿por qué alguien que trabaje en medios querría contar que es gay si no hay personas fuera del clóset en toda la programación de varios canales de noticias o en las principales emisoras de AM o FM? ¿para qué dejar de esconderse si personajes públicos y consagrados corren a sacarse una foto para que el Papa bendiga su hipocresía?

No debemos forzar a nadie a salir del clóset, pero podemos ayudar a crear condiciones en las que sea más fácil ser una biografía donde la verdad sea la regla. Es obligación de todos apoyar los medios que aceptan la diversidad, condenar los hostigamientos a lo diferente, aunque sea en forma de comentario en la panadería, meme en la web o política pública. No dejemos que Kevin Spacey y el villano de la novela sean los únicos gays en esta historia.

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