«Soy hombre trans y aborté, en mi cuerpo decido yo»

Como hombre trans tuve la experiencia de pasar por un aborto, así como muchos otros hombres trans. En ese momento muchas dudas se vinieron a mi cabeza, desde cuánto me cobrarían, hasta dónde hacerlo, y cómo me irían a tratar.

En mi vida aborté dos veces. La primera lo hice solo, en una “clínica” que era un garaje en la zona sur de Rosario. Junté la plata como pude. Aún recuerdo la madera que atravesaba la camilla y los pañales con los que fui despedido 30 minutos después de la intervención. La segunda, fue con Misoprostol. Todavía recuerdo los dolores de parto en mi casa

Lejos de intentar reproducir una mirada victimizante, hay que dejar en claro que el aborto es la última consecuencia de una cadena de violencia. La Ley de Educación Sexual Integral no contempla que los cuerpos de los hombres trans muchas veces son fértiles. A eso se le suma el desdén de médicos que escogen la violencia y discriminación a un cuerpo que “no es normal”.

“En mi cuerpo decido yo”

La segunda vez que me apliqué una inyección de testosterona, el maltrato de la enfermera me llevó a una infección que no quisieron tratar en tres hospitales públicos por “no saber cómo manejar un cuerpo trans”.

Esta experiencia no es aislada. A esto se le suman todos los psiquiatras y psicólogos que intentaron convencerme de que o “estaba loco” o tenía una “disforia”. Me tomó mucho tiempo darme cuenta que soy sujeto y que en mi cuerpo, decido yo.

El miedo frente a cada situación es patente. La incertidumbre de si va a salir todo bien también. Pero más allá de los malos recuerdos y la sensación de impotencia de enfrentarme a un sentido común clerical que me impuso mi familia, pude sobrevivir y acá estoy contando la historia. La cuento como activista, luchador y candidato en un partido, que es el PTS. Allí aprendí a ser sujeto y peleo día a día para que nadie pase lo que yo pasé.

Derechos ganados

Las identidades trans, como cualquier identidad autopercibida, se va construyendo dentro de las posibilidades y las limitaciones del modelo socio económico que nos rodea. Bajo el sistema capitalista, las distintas épocas moldearon distintas subjetividades. Particularmente en la diversidad sexual, la combatividad de miles de activistas que pusieron las ideas y el cuerpo fueron la chispa para la lucha contra la patologización y discriminación, desde Stonewall hasta la actualidad.

En Argentina, activistas y luchadores de la diversidad sexual conquistaron legislaciones muy avanzadas: las leyes de educación sexual integral y el matrimonio igualitario, contaron con un gran apoyo de amplios sectores de la sociedad que cuestionan la homolesbotransfobia y la misoginia. A su vez, la Ley de Identidad de Género, sancionada en el 2012, reconoce la autonomía de las personas en relación con su cuerpo. Otorgó una “ampliación de la ciudadanía”, en tanto sujetos de derechos.

El deseo

Se entiende a la salud integral como “un completo estado de bienestar físico, mental y social, y no meramente la ausencia de afecciones o enfermedades” según la Guía de Salud Trans.

En la actualidad, la variedad de sistemas genitales humanos “distribuye” a las personas en sólo dos grupos: varones y mujeres. Pero la realidad es que hay tantos sistemas genitales como seres humanos existen. Sin embargo, la consideración médica de un clítoris “demasiado grande” o un pene “demasiado pequeño” es un fundamento para practicar intervenciones quirúrgicas. No por una cuestión de salud, sino sólo para “adecuar” su cuerpo a los parámetros que impone la medicina.

Hay que dejar claro que el deseo es lo que marca la “orientación” sexual” y la identidad es la construcción subjetiva de cada persona sobre sí misma, más allá del cuerpo o “envase” que le haya tocado. El cuerpo se construye.

La igualdad ante la ley no es la igualdad ante la vida

Cuando hablamos de binarismo genérico es cuando aparece “la familia”, tan defendida por la Iglesia Católica, que es la institución por excelencia del patriarcado.

Las personas trans son en su mayoría mujeres jóvenes en situación de prostitución. El 85% de las mujeres trans está o estuvo en situación de prostitución y un 63% en el caso de los varones trans. El promedio de vida de las personas trans es de 35-40 años. Según una investigación realizada por ALITT, la primera causa de muerte es el sida; otra de las terribles causas es el abuso policial, como también los asesinatos por transfobia.

El aborto en hombres trans es una problemática que todavía está abordada de forma muy incipiente en la salud pública. Las estadísticas son cuasi nulas con respecto a esta población, pero las trabas a las que nos enfrentamos son las mismas que las de las mujeres a la hora de abortar, con las particularidades que expliqué anteriormente, porque de nosotros… no se habla.

Anualmente se practican 42 millones de abortos inducidos en todo el mundo, según los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). La mitad, son abortos inseguros. Como consecuencia, cerca de 70 mil mujeres (y varones trans) murieron por infecciones generalizadas, lesiones y hemorragias, perforaciones o desgarros uterinos.

Negocio clandestino

En Argentina no sólo subsiste la discriminación hacia las personas transexuales en la Salud Pública, sino que también detrás del aborto hay todo un negocio clandestino.

Esta clandestinidad se cobra más de una vida por día y es la principal causa de muerte de mujeres y varones trans gestantes; la amplia mayoría de ellas trabajadoras, jóvenes y pobres que no cuentan con el dinero suficiente para interrumpir un embarazo en una clínica privada.

La problemática del aborto no puede ser pensada de manera aislada; la mitad de los asalariados cobra un sueldo menor o igual a 15 mil pesos, menos de la mitad de la canasta básica familiar. Para la juventud es moneda corriente conseguir un trabajo en negro o directamente no tener acceso a uno. Inclusive, a un sector de trabajadores, el Estado les retiene parte de su sueldo a través del mal denominado impuesto a las ganancias.

Salir a las calles

La derecha neoliberal de Macri y su ceocracia son los que impulsan a la Argentina y a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires como capital del turismo gay, incentivando oficialmente y financiando lo que se denomina como “mercado rosa”: hoteles, bares, discotecas, cruceros, destinados a una minoría millonaria que puede pagarlo, jamás a la disidencia que pertenece a la clase trabajadora. Niegan y restringen nuestro derecho al trabajo, y además lucran con nuestro deseo y para nuestra salud no ofrecen más que desconocimiento y desdén.

Sólo luchando en las calles independientemente podremos conquistar todos los derechos y libertades democráticas, mejorar las condiciones de vida, conquistar el acceso al trabajo, la educación, la salud y la vivienda.

Este viernes que retumbe más que nunca: aborto legal, seguro y gratuito.

Fuente.

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