La fuerza de la comunidad en Paraguay y el número de la discriminación

Por lo general cuando hablamos de otros países en nuestro portal, nos gusta informar como se vive la comunidad LGBTTTI en tierras lejanas, con toda la intensión de que, si existe la oportunidad, tengas mayor opción de destinos, pero en el caso específico de Paraguay nuestro viaje debe ser más diplomático que de placer.

Basta caminar por casi cualquier rincón de Paraguay para escuchar, sobre todo a los hombres, referirse a alguien como un «108», una forma peyorativa para nombrar a los homosexuales. Aún hoy, algunos hoteles o viviendas evitan lucir este número en sus puertas. El dictador Alfredo Stroessner, que permaneció en el poder hasta 1989, tomó el mando del país en 1954 mediante un golpe de Estado y cinco años después sufrió una fuerte crisis política entre sus dirigentes. Entonces, un suceso terrible conmocionó al país: el popular locutor Bernardo Aranda, de Radio Comuneros, apareció quemado en su habitación de un inquilinato de Barrio Obrero de Asunción.

Fue un escándalo que la prensa divulgó de forma morbosa como un «crimen pasional entre homosexuales». La búsqueda de los presuntos asesinos desató una cacería contra cualquier hombre acusado de ser gay.

Días después, el citado periódico publicó el listado completo de los detenidos, a los que acusaba de tener una «conducta amoral». Desde entonces, el 108 dejó de aparecer en los números de las habitaciones de algunos hoteles y casas paraguayas, de los autos e, incluso, de las listas de alumnos en los centros escolares. «Pea 108» (ese es un 108) se escucha aún hoy en la calle en guaraní, el idioma nativo, oficial junto con el español.

La escalada, con todo, pareció tener algún impacto en el periódico, porque el 30 de septiembre de 1959 su editor permitió la publicación de un texto titulado Carta de un amoral. «Nosotros seguimos una vocación que es tan antigua como la propia humanidad, y en este siglo de consagración de todos los derechos humanos nadie puede negarnos el derecho de hacer de nosotros mismos, de nuestro continente físico, lo que queremos, sin incomodar a los otros que no quieran hacer lo mismo», decía la carta anónima.

El tabloide paraguayo Popular, que incluye en su contenido notas sobre «fantasmas» y fotos eróticas de mujeres, usó su portada del 28 de septiembre para insultar y ridiculizar a las mujeres trans. «Una condenable muestra de odio y transfobia teniendo en cuenta la ola de transfeminicidios que estamos viviendo», expresó la organización Somosgay en un comunicado.

En la misma portada, el diario hace un chiste homófobo sobre un futbolista y reproduce las declaraciones de una persona autodenominada «pro vida» en donde insta a quemar a la titular del Ministerio de la Mujer. Los tiempos en los que la prensa dedicaba sus páginas a hacer ataques homófobos no han terminado.