Dicen que la primavera es cuando más nos enamoramos pero…

A diferencia del resto de especies animales, el ser humano no tiene una época de celo marcada en el calendario anual, de hecho somos de las pocas especies que “permanece dispuesto” todo el año. Aunque sí que es cierto que al entrar la primavera sufrimos una especie de alteración. Y no es de extrañar, tras un largo invierno, donde apenas hemos salido al aire libre permaneciendo camuflados bajo el abrigo, de pronto llega el tiempo de mostrarnos más sugerentes y lucir nuestros encantos. Nos dejamos seducir por la variedad de colores que ofrece la moda primaveral, andamos más ligeros de ropa, el sol ilumina las terrazas de los bares y las salidas se ven acompañadas por el buen tiempo.

Al igual, el mal tiempo influye en nuestro estado de ánimo, hasta el punto de relacionarse con el mayor número de depresiones sobretodo en los países nórdicos; aunque el sol también nos afecta de forma positiva. Precisamente la luminó-terapia que simula la intensidad luminosa de la luz solar, demuestra así sus efectos beneficiosos terapéuticos, además de aportarnos vitamina B12 y D. De hecho, la prolongación del día en primavera disminuye la segregación de melatonina, hormona implicada en el estado de somnolencia induciéndonos a estar más horas en activo.

Todo ello hace que nos sintamos vitales, alegres y fluya desde nuestro interior da rienda suelta a lo que comúnmente asociamos con “ instintos primarios”, la realidad es que todo obedece a unas respuestas químicas que se generan en nuestro cuerpo y se pone en marcha la química del flechazo, que tiene tres ingredientes básicos:

Fenilalanina: Se relaciona con la sudoración y la dilatación pupilar.

Adrenalina: Acelera el corazón y nos hace sentir emocionados.

Endorfinas: Protege nuestro sistema inmunológico y nos hace sentir mejor.

Más tarde o más temprano, más intensa o más levemente, a todos nos llega ese cúmulo de sensaciones que nos hacen sentir como si estuviéramos “flotando”.

¿Qué sucede cuando nos enamoramos?

Es importante distinguir entre amor y enamoramiento. El primero tiene un inicio progresivo y es de duración larga. El segundo es más rápido tanto en su inicio como en su final. El enamoramiento lo podríamos definir como la “ley del deseo” pues es el estado en el cual se mezcla un confuso estado de deseo, ansiedad y afecto por otra persona sintiendo como las mariposas revolotean en la boca de nuestro estómago, además de acrecentar nuestra apetencia sexual hacia la misma . El caso es que lo más probable es que no se interprete de esta forma, sino que crea y se autoafirme en su amor, pues se relaciona al objeto de su amor como el causante de tanta excitación.

El enamoramiento puede provocar el inicio de una relación de pareja, pero no es suficiente para hacerla sólida a lo largo del tiempo. El amor es algo dinámico, susceptible de cambios, una construcción que se alimenta de dar y recibir.

Empezar una relación es algo relativamente sencillo, aparentemente atractivo. Mantener esa relación a lo largo del tiempo sintiéndose satisfechos es un trabajo más minucioso.

El cine ha contribuido con estereotipos a mitificar una idea romántica y casi superficial de la pareja. Lo curioso es que las películas se acaban en el momento que deciden compartir su vida, rara vez se muestran los conflictos y cómo se superan, a menos que sean obras de arte y ensayo o películas de culto. Por eso, en pareja, una de las primeras cosas que hay que hacer es desaprender para reaprender, entendiendo que se trata de dos, que buscar culpables no soluciona el problema, que es mejor aceptar que tratar de cambiar a nuestra pareja.

Al principio, cuando uno esta enamorado, las “pequeñas manías” del otro se perciben de forma inocente, casi como divertidas, algo sin importancia que “ya cambiará”. Luego nos frustramos al descubrir que esa persona tiene defectos que nos resultan insoportables e incomprensibles. El amor se construye conociendo y aceptando no sólo las virtudes sino las carencias de la persona.

No hay un límite establecido para la duración del enamoramiento. Algunos psicólogos establecen el límite en un máximo de seis meses, mientras otros lo alargan hasta los tres años. El caso es que su duración es limitada aunque se puede reactivar repetidas veces a lo largo de una relación. Lo más importante es ser conscientes de que tiende a disminuir y por ello es importante trabajar en el amor, en algo más duradero, dependiente no sólo de los sentimientos sino de la voluntad.

Hay quienes se enamoran de estar enamorados, y buscan ese sentimiento en una relación, sin preocuparse en construir nada más. Por eso cuando esa activación se desvanece abandonan la relación o se sienten profundamente frustrados.

Es muy excitante vivir un romance y sentirse enamorado hasta la médula, pero también es muy gratificante construir una relación íntima y exclusiva que, cómo dice la teoría gestáltica, es más que la suma de sus partes hay que procurar es alcanzar una comprensión estructural nueva de lo que va aconteciendo.